Posteado por: alrono | Octubre 5, 2008

6.9. Paro, Miseria y Rabia.

(…) Se pide a los hombres que escojan entre seguridad y libertad. Se les dice que, para mejorar su situación, tienen que renunciar derechos; que, para librarse de la miseria, han de pasar como a prisión; que para asegurar su trabajo, es preciso organizarles como en el ejército; que para tener más igualdad, han de tener menos libertad (…)
6.9.1. Walter Lippmann: La ciudad libre. 1938. (…)
Naranjas tiradas en cualquier sitio. Gente que viene de lejos para cogerlas, pero no le dejan. Si se pudiera ir a cogerlas con el co-che, ¿iba nadie a pagarlas a 20 centavos? Así que unos cuantos hombres, con mangueras, las rocían de petróleo (…). Se quema café en calderas, y maíz para calefacción (…). Se degüellan cer-dos, para luego enterrarlos (…)
6.9.2. John Steinbeck (1902-1968): Las uvas de la ira. 1939.

(…) Hacia 1932 los banqueros comenzaron a temer la insol-vencia permanente de los granjeros. Presos de miedo, exigieron el reembolso o la ejecución de hipotecas. Hombres que habían dado 30 años de su vida a un terreno, se vieron expulsados de él. Sus caballos, sus bestias de trabajo, sus muebles, vendidos por decisión de la justicia. Esos descendientes de rebeldes, raza valiente, se pusieron furiosos (…). En todo el Medio Oeste los granjeros iban resultando más violentos que los obreros. Masa homogénea, orgullosos de su pasado, y de su poder religioso y político, exigían duramente la protección del Estado que ellos habían fundado y sostenido. Si los precios no podían subir, pues medidas que bajaran sus deudas (…)
6.9.3. André Maurois (1885-1967): Chantiers américains. Gallimard, 1933, p. 47.

(…) Para algunos millones de hombres, la crisis es el tiempo de “Las uvas de la ira”. Paro, miseria, y ésos son términos abstractos, incluso si se dan exactos los números de parados: 15 millones en Estados Unidos, en el momento peor, en 1932; 3 millones en Inglaterra (…)
(…) Por casualidad, ¿ha leído usted la novela de John Steinbeck, “Las uvas de la ira”? Los precios agrícolas han caído; ya no se
vende. El trigo vale tan poco que lo adulteran. El café, en la otra América, la Latina (se trata de una imagen tantas veces mostrada, pero que hay que repetir, para que no se la tenga por le-gendaria)… lo queman en las locomotoras. La ruina. Deudas y deudas que, a pesar de todo, hay que pagar. Venta a bajo precio de cuanto se posee [para pagar deudas]. La marcha al Oeste de Es-tados Unidos, para encontrar trabajo, pero los parados se cuentan por millones.
En las ciudades, la situación es grave. Los empleados, los “white collars”, los de cuello blanco, esos del sombrero, guantes y abri-go, con aspecto de gente sobrada, sin peligro de pasar necesidad, ahí están, sentados en la acera, esperando la sopa popular, porque tienen hambre. Y “sopa popular” es una expresión que se va a emplear en todos los países industrializados: Estados Unidos, Gran Bretaña, Austria, Francia. El mismo espectáculo: colas si-lenciosas, hombres cansados, fatigados, rotos ante las ventanillas donde se reparte, sin más, de qué no morir. Humillación, in-comprensión y, pronto, la revuelta, ya que del hambre, del paro y de la miseria inesperada, nace la cólera [la de los obreros y la de los campesinos] (…)
6.9.4. Max Gallo: Le XXe siècle. Librairie Académique Perrin, 1979, p. 154.

(…) Pregunta.- ¿Cuál es el puesto histórico de la crisis que ha estallado en 1929? Respuesta.- Como el camarada Stalin lo constataba ya en el XVI Congreso del PC de la URSS, ésta es la primera crisis mundial de la postguerra en la crisis general del capitalismo (…). Sin discusión, es una crisis de superproducción cíclica, pero de ningún modo una crisis normal, es una repetición de crisis precedentes (…)
6.9.5. Eugène Varga: La crise économique sociale politique. Bureaux d’Éditions. 1935, pp.13-14.

1.- Como el modelo liberal fracasaba, la economía dirigida pa-recía menos anárquica y más justa…
2.- ¿Por qué no se regalaban los sobrantes a los necesitados? ¿Es sencilla la respuesta?
3.- ¿Por qué las leyes sobre el derecho a la propiedad son más claras e intocables que las referidas al derecho al trabajo? Un hijo de obrero y un hijo de empresario, ¿tienen parecidas opor-tunidades?


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