+[Libro IV, 11, I] (…) Cuando un individuo compra una inversión, un bien de capital, adquiere derecho a una serie de rendimientos probables, que espera obtener de la venta de los productos, durante la vida del bien [productor], después de deducir los gastos de operación respectivos (…)
(…) En contraste con el rendimiento probable de la inversión tenemos el “precio de oferta” del bien de capital, lo que no quiere decir el precio de mercado al cual puede comprarse actualmente un bien de la clase en cuestión, sino el precio que bastaría exactamente para inducir a un fabricante a producir una nueva unidad adicional del mismo, es decir, lo que algunas veces se llama “costo de reposición”. La relación entre el rendimiento probable de un bien de capital y su precio de oferta o de reposición, es decir, la que hay entre el rendimiento probable de una unidad más de esa clase de capital y el costo de producirla, nos da la “eficiencia marginal del capital” de esa clase (…)
(…) [Así pues,] la eficiencia marginal del capital se define aquí en términos de expectativa del rendimiento “probable” y del precio de oferta “corriente” del bien de capital. Depende de la tasa de rendimiento que se espera obtener del dinero si se invirtiera en un bien “recién” producido; no del resultado histórico [ya ocurrido] de lo que una inversión ha rendido sobre su costo original, si observamos retrospectivamente sus resultados, después que ha terminado el período de sus servicios (…)
+[Libro VI, 22, II] (…) al explicar las “crisis”, hemos acostumbrado hacer hincapié en la tendencia de la tasa de interés a subir bajo la influencia de la mayor demanda de dinero, tanto para comerciar como con fines especulativos. Sin duda, este factor puede representar a veces un papel de agravamiento y, ocasionalmente, de iniciación. Pero creo que la explicación más tipica, y con frecuencia la predominante de la crisis, no es principalmente un alza en la tasa de interés, sino un colapso repentino de la eficiencia marginal del capital.
Las últimas etapas del auge se caracterizan por las expectativas optimistas respecto al rendimiento futuro de los bienes de capital, lo bastante fuertes para equilibrar su abundancia creciente y sus costos ascendentes de producción y, probablemente también, un alza en la tasa de interés. Es propio de los mercados de inversión organizados que, cuando el desencanto se cierne sobre uno demasiado optimista y con demanda sobrecargada, se derrumben con fuerza violenta, y aún catastrófica, bajo la influencia de los compradores altamente ignorantes de lo que compran, y de los especuladores, que están más interesados en las previsiones acerca del próximo desplazamiento de la opinión del mercado, que en una estimación razonable del futuro rendimiento de los bienes de capital.
Además, el pesimismo y la incertidumbre del futuro que acompaña a un derrumbamiento en la eficiencia marginal del capital, nauralmente precipita un aumento decisivo en la preferencia por la liquidez (y de aquí un alza en la tasa de interés) . De este modo, el hecho de que un derrumbamiento de la eficiencia marginal del capital tienda a ir acompañado por un alza en la tasa de interés, puede agravar mucho el descenso en la inversión. Pero lo esencial de tal estado de cosas se encuentra, sin embargo en el colapso de la eficiencia marginal (…)
7.1.1. John Maynard Keynes (1883-1946): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. F.C.E., 1971 [1ª 1936], pp. 125-126 y 279-281.
1.- Se podría decir que *eficacia es la capacidad para lograr rendimientos, sin más, sin considerar costes. Que *eficiencia es la capacidad para lograr rendimientos óptimos, con mínimo de medios. Y que *eficiencia marginal es el rendimiento que se espera obtener (con la inversión de una unidad de capital adicional), comparado con su coste real.
2.- Normalmente, una mayor propensión a invertir viene de ma-yores expectativas de eficiencia, de la existencia de una demanda solvente, de menores tipos de interés…
3.- Si los inversores se asustan (con motivos reales o por error), tienden a no invertir, como en los años ‘30. Y, al revés: tienden a invertir ciegamente, cuando tienen confianza ciega en el futuro, como en los años ‘20.
3. A nivel de familia, y a nivel de Estado, es malo el despilfarro, el consumo de lujo (y hasta la excesiva producción básica). Pero, si se consume muy poco, no se estimula la producción de las empresas (y, por tanto, tampoco el empleo). Por tanto, ¿es razonable que el Estado pueda intervenir en la Economía, cuando los desajustes sean tan grandes que parezcan justificarlo?
4.- Según Keynes, “en la crisis, lo que pesa más no es el alza del interés, sino el freno en la eficiencia marginal del capital ”. Y a repasar las causas de la crisis del ’29, según Galbraith…