Posteado por: alrono | Octubre 5, 2008

7.2. Crisis Económica y Soluciones.

+[Libro VI, 22, III] (…) Puede ocurrir, por supuesto (en realidad es probable que así sea), que las ilusiones del auge lleven a producir ciertas clases particulares de bienes de capital en abundancia tan excesiva [sobreproducción] que parte de la producción sea, de acuerdo con cualquier criterio, un desperdicio de recursos (lo que algunas veces ocurre, podemos añadir, aun cuando no haya auge). Es decir, lleva a la inversión “mal dirigida”. Pero, además de esto, es una característica esencial del auge que las inversiones con rendimiento real de, digamos, 2% en condiciones de ocupación plena, se proyectan basándose en previsiones de, digamos, 6%, y se valúan en consecuencia [de ese 6%]. Cuando llega la desilusión, esta previsión se reemplaza por el contrario “error de pesimismo” con el resultado de que se espera una cantidad negativa de las inversiones, que de hecho hubieran dado un rendimiento de 2% en estado de ocupación plena; y el colapso resultante de las nuevas inversiones conduce entonces a un estado de desocupación en el cual aquellas que hubieran producido 2% en condiciones de ocupación plena, de hecho dan menos que nada. Llegamos a una situación de escasez de casas, pero en la que, sin embargo, nadie puede costearse el vivir en las existentes.


Así, ¡el remedio del auge no es una tasa más alta de interés, sino una más baja!; porque ésta puede hacer que perdure el llamado auge. El remedio correcto para el ciclo económico no puede encontrarse en evitar los auges y conservarnos así en semidepresiones permanentes, sino en evitar las depresiones y conservarnos de este modo en un casi auge continuo (…)
+[Libro VI, 24, III] (…) El Estado tendrá que ejercer una influencia orientadora sobre la propensión a consumir, a través de su sistema de impuestos, fijando la tasa de interés (…). Creo que una socialización bastante completa de las inversiones será el único medio de aproximarse a la ocupación plena; aunque esto no necesita excluir cualquier forma, transacción o medio por los cuales la autoridad pública coopere con la iniciativa privada. No se aboga francamente por un sistema de socialismo de Estado que abarque la mayor parte de la vida económica de la comunidad. No es la propiedad de los medios de producción la que conviene al Estado asumir. Si éste es capaz de determinar el monto global de los recursos destinados a aumentar esos medios y la tasa básica de remuneración de quienes los poseen, habrá realizado todo lo que le corresponde. Además, las medidas indispensables de socialización pueden introducirse gradualmente, sin necesidad de romper con las tradiciones generales de la sociedad.
Nuestra crítica de la teoría económica clásica aceptada no ha consistido tanto en buscar los defectos lógico de su análisis, como en señalar que los supuestos tácticos en que se basa se satisfacen rara vez o nunca, con la consecuencia de que no puede resolver los problemas económicos del mundo real. Pero si nuestros controles centrales logran establecer un volumen real de producción correspondiente a la ocupación plena tan aproximadamente como sea posible, la teroría clásica vuelve a cobrar fuerza de aquí adelante (…)
(…) [Y] fuera de la necesidad de controles centrales para lograr el ajuste entre la propensión a consumir y el aliciente para invertir, no hay más razón para socializar la vida económica que existía antes. De una manera concreta, no veo razón para suponer que el sistema existente emplee mal los factores de producción que se utilizan. Por supuesto que hay errores de previsión, pero éstos no podrían evitarse centralizando las decisiones (…). En lo que ha fallado el sistema actual ha sido en determinar el volumen del empleo efectivo y no su dirección (…)
(…) Los sistemas de los Estados totalitarios de la actualidad parecen resolver el problema de la desocupación a expensas de la eficacia y la libertad (…)
7.2.1 John Maynard Keynes (1883-1946): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. F.C.E., 1971 [1ª 1936], pp. 286, 332-335.

1.- Para conducir la tasa de interés, el Banco Nacional sube o baja la tasa de interés (y la de redescuento) a los bancos, y éstos hacen lo propio con sus clientes. Con ello dificultan o favorecen las inversiones empresariales y el consumo de los particulares.
2.- Keynes propone que se dé al Estado capacidad para influir en las orientaciones generales de la Economía, con planificación que indique camino a seguir, que supla las deficiencias en la anarquía de la supuesta “mano invisible” liberal, pero sin caer en el dirigismo socialista (ineficaz, esclerotizante).
3.- Ya van abundando hoy otra vez los economistas que critican las intervenciones del Estado, por ineficaz y costoso.


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías